La mujer embaraza
Y se aferra a la columna
como una víbora
Es un techo desgarradoramente bajo
Una duda que se transforma en sueños
Un abdomen vacío
En un pasillo
hay paredes descascaradas y viejas
¡Qué triste es la soledad del alma!
“… levanté mis párpados azorados más arriba, aún más arriba, hasta que percibí un trono formado de excrementos humanos y de oro, desde el cual ejercía el poder con orgullo idiota, el cuerpo envuelto en un sudario hecho con sábanas de hospital sin lavar, aquel que se denomina a sí mismo El Creador. Tenía en la mano el tronco podrido de un hombre muerto y lo llevaba de los ojos a la nariz y de la nariz a la boca; una vez en la boca, puede adivinarse qué hacía”. Isidore Lucien Ducasse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario